Si, se puede ser feliz en el trabajo

La felicidad es un intangible. Es difícil de cuantificar su retorno en los balances financieros como una partida más, pero no cabe duda de que hacer felices a los trabajadores es beneficioso para las propias compañías. Según Margarita Álvarez, directora de Marketing y Comunicación de Adecco: “La felicidad en el trabajo ayuda a que las personas sean más creativas y trabajen mejor en equipo. Los empleados felices lideran y negocian mejor que el resto y se adaptan mejor a las situaciones de estrés y drama, en definitiva, son más productivos. Aunque hasta ahora la felicidad haya sido un aspecto olvidado enla cultura empresarial, contar con una plantilla feliz puede ser la clave que te diferencie de tu competencia. Y es que el éxito no da la felicidad pero la felicidad puede dar el éxito”.

 Hasta hace poco, uno de los condicionantes principales a la hora de escoger un trabajo era el salario que se percibía por el empleo realizado. Una alta retribución era sinónimo de status y aunque implicara mayores esfuerzos y sacrificios laborales, compensaba llevarlos a cabo. Sin embargo, en los últimos años, la situación ha cambiado. El salario está dejando de ser uno de los factores determinantes con los que sentirse satisfecho en el trabajo en favor de otros que están más relacionados con la conciliación familiar y laboral, el reconocimiento social o la vocación de los empleados.

Pero, ¿qué podemos hacer para ser felices con nuestro trabajo? El portal Clarín  publicó un artículo de Desiree Jaimovich que resume en 10  acciones cómo se puede ser feliz en el trabajo. 

1) Destacar los logros 

Si parece que el jefe “no ve” los aciertos, entonces tal vez le corresponda al empleado hacerlos visibles. Para esto, Yésica Dos Santos, psicóloga y especialista en Recursos Humanos, sugiere llevar un registro de los objetivos alcanzados. Así se podrá comunicar de manera concreta al supervisor de qué manera se aportó a la empresa. Esto es una manera de hacer lo que los expertos denominan endomarketing personal, es decir, ocuparse uno mismo de hacer evidentes los esfuerzos realizados.

 2) Tener objetivos claros y alcanzables

“Es importante que la exigencia y el ideal que se busca alcanzar no resulten abrumadores”, recomienda el médico y psicoanalista Harry Campos Cervera. Para esto es necesario conocerse y entender cuáles son nuestros propios límites, así se  identifican las metas personales y se delinean los métodos para alcanzarlas.

 3) Saber pedir un aumento

Según Pablo Molouny, gerente general de Trabajando.com, “lo económico tiene que ver con el desempeño, por eso es necesario entender cómo impacta mi trabajo en la economía de la empresa” antes de pedir un reconocimiento económico. Entonces, en vez de decir “merezco un aumento porque hice esto”, quizás es más efectivo arrancar con “logré este objetivo y eso le permitió a la empresa generar tantos ingresos”.

 4) Ponerse la camiseta 

Resulta imposible trabajar bien en un lugar del cual uno no se siente parte. “El logro de una identidad con la tarea, el equipo y el lugar de trabajo” ayuda, según Campos Cervera, a dejar de lado experiencias traumatizantes y, por lo tanto, a sobrellevar la tarea laboral con alegría.

 5) Huir de los jefes tóxicos

Se trata de personas que gozan humillando al empleado, que les gusta destacar los errores en público y jamás mencionan los logros. Para ellos nada es suficiente, siempre falta más y se pasan gran parte el tiempo respirándoles a los empleados muy cerca de la nuca (no es lo mismo que un jefe exigente, que sabe ejercer el liderazgo y mejora las capacidades de su subordinado). Si uno no puede mejorar la relación con ellos y siente que trabajar es un infierno, entonces quizás sea el momento de dar una vuelta de página. “Cambie de jefe, nadie está condenado. Todos tenemos la posibilidad de elegir”, explica Cristina Mejías, consultora de carrera.

 

 6) Optimizar el tiempo 

Es necesario organizarse para poder cumplir las tareas diarias sin abrumarse. Dos Santos sugiere tomarse 10 minutos al comienzo del día para pautar qué se va a hacer durante esa jornada. Mejías, por su parte, dice que una buena idea es armar un listado con actividades y luego utilizar colores a modo de código. Así, se podría pintar de rojo las actividades urgentes y que son para hacer hoy sí o sí; de amarillo las que pueden esperar hasta mañana y de verde las que se pueden postergar.

 7) Lidiar con compañeros competitivos

Según Molouny, lo mejor es demostrar que uno no está interesado en competir, porque tiene las miras puestas en otros objetivos. Se puede hacer ver que lo que uno busca es sumar, trabajar en equipo y que “puedo ser un gran soporte para su carrera”. Si aún así la situación no mejora, la licenciada Adriana Guraieb, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), recomienda alejarse de esas personas y armar un subgrupo de “buena onda” contra las malas energías.

 8) Ser proactivo 

Generar trabajo y proponer ideas en vez de esperar que el jefe designe las tareas. La experiencia es una de las mejores maneras de aprender y nadie mejor que uno para saber qué necesita. “Buscar constantemente formas de desarrollo y aprendizaje, sin esperar que la empresa me brinde en bandeja todo lo que necesito”, propone Dos Santos.

 9) Combatir el aburrimiento 

Los especialistas coinciden en aclarar que dependerá mucho de la personalidad de quien haga esa tarea. Si la persona tiene un perfil creativo y emprendedor y todos los días tiene que cargar una misma planilla, evidentemente está en el lugar equivocado y será conveniente que cambie de empleo. Pero hay trabajos que por más motivantes que sean, implican hacer, cada tanto, una misma tarea. Molouny dice funciona arrancar primero con lo más aburrido para sacárselo de encima. Mejías, por su parte, cree que “lo mejor es encontrar nuevas formas de hacer lo mismo”.

 10) Aprender a cortar 

Mucha gente se queja de tener trabajos absorbentes. Tienen horario de entrada pero casi nunca saben a qué hora saldrán. Es importante establecer pautas de trabajo: horarios, condiciones y objetivos. Hay que aprender a poner “suave y firmemente límites”, asegura la doctora Elsa Wolfberg. Si aún así los horarios no se cumplen, quizás el empleado pueda organizar la jornada en torno al logro de metas. Entonces, ya no se trata de cumplir 8, 9 u 11 horas, sino de completar objetivos.

Autor: Meyckle Pacheco

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